Por su capacidad estuvo al frente del Ministerio de Asuntos Internos, cargo que reasumió en 2007, cuando también la nombraron titular de Acción Social. Estuvo casada con un hombre y en 2002 formó matrimonio con una escritora.Estilo. Su matrimonio es público, pero elige no hablar al respecto. Mientras el mundo todavía se maravilla por la llegada de un negro a la Casa Blanca, en Islandia, silenciosos, dieron otro paso importante camino a la integración: este fin de semana será confirmada como primera ministra Jóhanna Sigurdardóttir, una ex azafata, madre de dos hijos de 31 y 37 años y casada en segundas nupcias con una autora teatral. Cuando el parlamento islandés la ratifique en su cargo en los próximos días, se habrá convertido no sólo en la primera mujer en llegar al cargo de Primer Ministro sino además en la primera homosexual en ostentar tal posición. O, al menos, en la primera que la hizo pública. Su llegada al cargo viene precedida de la renuncia del primer ministro conservador, Geir Haarde, quien después de 13 años en el poder, el lunes pasado tuvo que dimitir, ya que los socialdemócratas le retiraron su confianza tras las protestas desencadenadas en Islandia por la crisis financiera. Los encargados de protocolo no han tenido tiempo de preocuparse por las implicancias de tener primera ministra. Sigurdardóttir asume en medio de esta crisis que no tiene precedentes en su país: a pesar de apenas superar los 320 mil habitantes, Islandia se proyectaba como la sexta economía del mundo. El colapso financiero hizo estragos en el "país de hielo" y hubo manifestaciones espontáneas en las calles de Reikiavik. Tres grandes bancos quebraron, y fueron nacionalizados, en un rescate similar al estadounidense, aunque en este caso la ayuda provino de varios países amigos y del Fondo Monetario Internacional. El mencionado organismo señaló que su rescate financiero se hizo para respaldar las "buenas políticas del país", no a los funcionarios, y que mientras Islandia siga en ese camino, el apoyo continuará. Las protestas fueron una suerte de "que se vayan todos" versión islandesa, pero con consecuencias argentinas: represión y la renuncia -además de Geir Harrde- de David Oddson, segundo funcionario en importancia. La esperanza depositada en Sigurdardóttir es tal que los medios islandeses ya se refieren a ella como "Santa Johanna". Discreción. Aunque Jonina Leosdottir figuraba como su cónyuge en la página oficial del ministerio, la futura premier no se manifiesta sobre su situación marital. Se la describe como una persona "reservada", aunque los periódicos internacionales enfatizan que los votantes islandeses no prestan atención a la identidad sexual de sus representantes. La futura primera ministra jamás ha hablado del asunto con la prensa. Sigurdardóttir estuvo casada con un hombre, con el que tuvo dos hijos ya treintañeros. Y hace siete años, en 2002, se unió legalmente a una periodista y dramaturga. Aunque su nombre ya tenía peso en la política, el matrimonio no causó conmoción ni mucho menos. De hecho, en los últimos días los periódicos reflejaron que mucha gente desconocía que fuese lesbiana. La "revelación" tampoco ha generado polémica. Podría ser una activa militante por los derechos civiles de los homosexuales, pero no es el caso. Tal vez porque no le resulta necesario: el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal en Islandia desde 1996, ocho años antes de que la Legislatura porteña aprobara la Ley de Unión Civil y apenas nueve después de que divorciarse fuese legal en la Argentina. Esa mujer. Sigurdardóttir, que llega con 66 años al cargo de primera ministra -situación que deberán ratificar las autoridades en unos días-, trabajó desde 1962 hasta 1971 como azafata y su ingreso en el escenario de la política islandesa fue en las filas del Partido Laborista. Llegó al Congreso a finales de los 70 y se hizo cargo de la cartera de Asuntos sociales entre 1987 y 1994, puesto que había reasumido al año pasado, cuando también se convirtió en titular del Ministerio de Seguridad Social. Su designación como primera mandataria obedece a una seria de casualidades, renuncias y -especialmente- estudios de mercado favorables. Los vaivenes financieros que redujeron la economía de la isla en un 10 por ciento también arrastraron casi al abismo la credibilidad política de sus representantes. Sigurdardóttir probó ser la única persona que inspira confianza en el electorado y su designación cuenta con un apoyo superior al 70 por ciento, según las encuestas publicadas por los medios de Islandia. La tarea podía haber recaído en el presidente de su partido, pero éste se encuentra de licencia médica. Jonina Leosdottir, la esposa de Jóhanna, tiene 12 años menos. Está graduada en Inglés y Literatura, es periodista y ha escrito una decena de obras que fueron llevadas al teatro y a la televisión; Islandia tiene más cerca de 14 canales locales. Mesa para dos y Fin de semana de chicas son algunas de sus piezas más aclamadas. |